LIVRES | Critique du roman de Mónica Ojeda « Les chamanes électriques à la Fête du Soleil »

LIVRES | Critique du roman de Mónica Ojeda « Les chamanes électriques à la Fête du Soleil »
LIVRES | Critique du roman de Mónica Ojeda « Les chamanes électriques à la Fête du Soleil »
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No solo la literatura es el terreno propicio para el goce. También, a su modo, ocupa un espacio abisal por el que discurre la violencia del pensamiento convertido en lenguaje, que es una violencia muy antigua y que proviene de la naturaleza. Las ficciones de Mónica Ojeda (Guayaquil, Ecuador, 1988) recorren ambos caminos en un ejercicio sobre las incertidumbres de doble vía que evocan los parabienes de unos personajes huyendo hacia un desbordamiento y desmoronamiento de la conciencia que se pregunta insistentemente en qué consiste vivir. Más aún: ¿por qué hemos vivido?

Chamanes eléctricos en la fiesta del sol ahonda en ese terreno indistinto en el que el miedo y la irreductibilidad del lenguaje son capaces de contar una historia -la de Noa y Nicole huyendo de Guayaquil para asistir a la fiesta del Ruido Solar cuando en realidad es también la de un país marcado por los desaparecidos tanto como el (des)encuentro de la primera con el padre que le abandonó cuando era pequeña y la incomprensión de la segunda cuando aquella la abandona- y, a la vez, convertir el lenguaje en una investigación sobre sí mismo.

Por eso es difícil decir lo que cuenta esta novela, tal vez la sensación de desamparo de dos mujeres abandonadas recíprocamente por un Estado paranoico que no cesa de repetir que no es posible quererse en una genealogía familiar, ni en unos lazos de amistad. Hay que huir, «entender es presagiar», y en esa ausencia todo lo ocupa el canto de la música y el baile.

Historia distópica

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Ojeda ha declarado que «escribir es evocar lo que no tienes delante; para mí la escritura es un ejercicio de volcarse hacia el pasado de un cuerpo que ya no está o que existe en mí con un sentido de resonancia» y no es otro el sentido de su escritura en este libro que abraza una historia distópica que dibuja un país como un dolor agudo que «te confronta con lo que necesitas».

Como si fuera un instrumento que excava en el sentido musical de la existencia en «un tiempo tan antiguo y extranjero como Dios», conforma su libro con la tradiciones que piensan la vida en términos musicales ofreciendo agudas reflexiones de la mano de Nietzsche («El oído es el órgano del miedo») y el Pascal Quignard de La lección de música («El canto, el mélos está ligado a la memoria.

Un canturreo anterior incluso al lenguaje, que prepara el apresamiento de su mandíbula sobre nosotros, nos ha domesticado»), reflexiones genealógicas sobre el sentido del canto y de la música como un impulso hacia lo desconocido que solo puede expresarse a través de una retórica especulativa y fragmentaria: «Para hacer música, hay que aprender a amar la muerte», «eso es la música: la excitación como resistencia a la muerte», «allí donde las palabras temen, el canto se eleva, y lo bello que mata tiene una voz que viene del futuro», «la música es la rebelión de la vida interior, es el bosque y la quebrada» y «el origen del canto es el de los cuerpos rotos que desean volver a unirse».

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Y claro: lo de menos es lo que tienen que decirse el padre ausente y la hija pródiga o las dos amigas que dejarán de serlo porque las llagas no son cicatrizables, lo real es lo insospechado y hay «una voz que canta desde el interior la vieja canción del tiempo y el canto dice: el cuerpo es una fiesta que se arma sobre el duelo».

‘Chamanes eléctricos en la fiesta del sol’

Mónica Ojeda

Random House

288 páginas

19,90 euros

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